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Nunca se es demasiado joven para empezar.

La semana pasada, mi madre trajo una cocina de juguete que había encontrado en la calle, cerca de su casa. Mi hija de 4 años Tahlia, estaba contentísima, porque le encanta jugar a hacer tareas del hogar. La limpiamos y estuvimos comentando que estaba muy bien que fuera un juguete reciclado, porque así se gastan menos recursos naturales.

Un año antes, le había comprado un “set de cocina” de IKEA que incluía cazos de juguete, sartenes, platos, utensilios, etc.  Sin embargo, tal como son los niños, había destruido o perdido el 90% de los artículos.

Mientras miraba su nueva cocina de juguete, se quejó de que no tenía su set de cocina para jugar con ella. La miré y le dije, “Bueno, Tahlia, NO pienso ir a IKEA otra vez, porque es muy estresante y no necesito nada más. Así que, si quieres un set de cocina tendrás que manifestarlo”.

Me miró y dijo: “Vale, Mamá”, con total naturalidad.

Dos días después íbamos andando hacia casa desde su escuela y pasamos al lado de los contenedores de reciclaje. Tahlia miró hacia allí y señaló una caja grande y dijo: “Mira, Mamá, alguien ha dejado algunos juguetes”. Mis dos hijos echaron a correr hacia allí para mirar en la caja. De repente, mi hijo, Matisse, sacó una bolsa de plástico, la vació y gritó, “Mira, ¡aquí están todos los juguetes para la cocina de Tahlia!”. Y realmente allí había un set de cocina completo: mini sartenes, cazos, platos, utensilios e incluso piezas de comida de plástico.

Imagino que los niños, que todavía no han sido programados para pensar de forma limitada, pueden saltar directamente del paso 1 al 10 del proceso de manifestación sin ningún problema.

Como dicen, ¡¡los niños son nuestros mejores maestros!!

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